Y allí estábamos nosotros, camino al hospital, el camino corto más largo del mundo. Llamé a mi hermana para decirle que ya salíamos y la valiente dijo que se venía ella sola, la primera vez que venía ella sola en coche, con esos cuarenta kilómetros que nos separaban autopista incluída. Ahora sí que sí, al ritmo al que iban las contracciones y el dolor que ya notaba me hizo pensar que para la hora de comer ya tendría a Minibombón en brazos. La conversación en el coche era escasa, no pasaba de un «¿qué tal vas?» «bien bien» «¿sí?» «¡¡siiii (contracción) iiii!!» y así en bucle intercalando algún «ánimo cariño» eso sí con cara de «pobrecilla» acompañada de sonrisa forzada cual Jocker en Batman. Llegamos, aparcamos y nos dirigimos al mostrador. Allí un chico tecleaba algo en el ordenador y llegué yo, con cara de pocos amigos y armada con mi Sigue leyendo
La llegada de Minibombón III: Bienvenido
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