Domingo de Recuerdos: El día que Nala se fue

El día que vi por primera vez a Nala tuvimos un flechazo, ella se abalanzó sobre mí. Enseguida las dos comprendimos que íbamos a compartir al hombre más maravilloso del mundo. Nala era la perra de mi novio, pero decir eso es quedarse demasiado corto, Nala era su mejor amiga, su sombra, su leal compañera y en aquel primer instante que nos vimos supe que también sería muy especial para mí. Al irme a vivir con mi Rubio pasé a compartir la custodia de Nala con él. Una perra muy bien educada, cariñosa, atenta y protectora. Recuerdo nuestras siestas en el sofá,  como poco a poco se iba haciendo hueco, empezaba sentada a mis pies y acabábamos las dos tumbadas o sus posturas imposibles para caber las dos en el sillón.  Su cara de impaciencia mientras comíamos a la espera de que le cayese algo, pero desde el respeto ya que nunca se acercaba. Recuerdo las charlas que tenía conmigo misma con ella como única oyente. Recuerdo sus auto caricias poniendo su cabeza debajo de mi mano y moviéndose. He querido a esa perra más que a muchas personas.
Un día le salió un bultito entre el pecho y una pata delantera. Resultó ser una infección y la única opción era operarla, tampoco era una opción segura al 100%, si la operábamos perdería movilidad y toda su vida había sido una perra de campo correteando de aquí a allí, de perder movilidad le fastidiaríamos los dos o tres años que le podrían quedar (aunque era muy activa era ya mayor) Que dilema, mi parte egoísta quería que se quedase con nosotros pero ¿era justo para ella condenarla a estar prácticamente quieta? No. Me dolió pero lo entendí. Y simplemente la dejamos marchar sin que sufriese controlando en la medida de lo posible la infección que por suerte no era dolorosa para ella. El 7 de enero al despertarnos ella ya se había ido. Como la odié, sí, la odié por dejarnos con aquel terrible vacío,  por privarnos de su compañía, sobretodo a Bombón. La odié con todas mis fuerzas durante unos minutos. Y luego llegó el dolor total y absoluto, se me desgarró el alma, sentí como si alguien hubiese metido su mano dentro de mi pecho y me hubiera arrancado un  trozo de mí. Lloré su pérdida y me intenté consolar pensando y sabiendo que era lo mejor para ella, había tenido una buena vida y no se merecía un final triste y arrinconada. Pero a veces pienso en ¿y si la hubiésemos operado? Todavía estaría conmigo en el sofá roncándome. Sé que hicimos bien pero eso no mengua el dolor.
Echo de menos a la canguro de Bombón. Cuando Bombón era una recién nacida y se dormía en su hamaca al lado del sofá yo aprovechaba para dormir también, cuando Bombón empezaba a hacer sus ruiditos en plan “ya me he despertado” era Nala la que me tiraba del bajo del pantalón para avisarme. Ya cuando estaba embarazada se acercaba a mi barrigota cuando estaba sentada en el sofá,  con total suavidad pegaba su cabeza a mi barriga y se quedaba completamente quieta “escuchando a Bombón.
Quizás haya quien no lo entienda pero un perro es algo más que una mascota, es parte de la familia, siempre está esperando cuando llegas, no te juzga, te quiere con tus virtudes y defectos y mi Nala era la mejor.
Ella percibía si estabas bien o mal y actuaba en consecuencia jugando contigo cuando estabas contento, era incansable le podía tirar una piña 100 veces y la 101 se la tiraba y me metía corriendo en casa si quería acabar el juego y aún así venía mimosa a pedir más e igual de mimosa venía a consolarte si notaba que estabas decaído. Simplemente echo de menos a mi amiga con la que compartí tan buenos momentos y siempre la echaré de menos. Sé que lo que me queda de vida ella seguirá despertando mi sonrisa al recordarla y arrancando mis lágrimas como en este momento en el que vuelvo a ser consciente de que no la volveré a ver. Nala te quiero y te echo de menos. Echo de menos tu compañía, verte jugar con mi hija, como he dicho, simplemente echo de menos a mi amiga. Nunca te olvidaré.

Me encantaría explicaros más cosas sobre ella, pero en este momento ya no puedo seguir, contar esto ha sido más duro de lo que creía, quizás más adelante. Os dejo unas fotos de nuestros momentos

Nala, por todo esto y mucho más siempre estarás en mi corazón. Te quiero. 

10 comentarios en “Domingo de Recuerdos: El día que Nala se fue

  1. Virginia García

    Lo siento mucho… no me lo puedo imaginar. Mi Sua, mi perrita, tiene 5 años y está con nosotros… lo hemos pasado mal porque estuvo enferma y sólo pensar que un día no estará…me parte el corazón. Solo puedeo pensar en que podemos disfrutar de ella mucho tiempo y mi niña también. EStoy segura de que Nala (como la novia del rey león) tuvo una vida feliz con vosotros. Mi perrita también se ponía en mi barriga de embarazada.. jjeje. un abrazo

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  2. elena entrecositas

    Hay que recordar los buenos momentos que pasásteis juntas, es un duro golpe porque se les quiere como a uno más de la familia. Te entiendo porque hace años perdimos a nuestro perrito y ya no hemos querido volver a sustituirlo por otro. Un abrazo fuerte!!!

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  3. Reloj de madre

    "He querido a esa perra más que a muchas personas." Esta frase lo define todo. Yo siempre he vivido con animales toda mi vida y no puedo estar más de acuerdo. He llorado y guardado luto por ellos. Te cambian la vida. Siento mucho tu perdida, los recuerdos de Nala siempre estarán ahí.

    Un beso!

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Con la ilusión que me hace no puedes irte sin dejarme un comentario :)

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