Domingo de Recuerdos: Nuestra primera cita

Hoy he decidido inaugurar una nueva sección en mi blog, “Domingo de recuerdos”, explicaré algunos de los momentos que de alguna manera han sido importantes en mi vida, esos momentos que se te quedan grabados en la retina, y por mucho tiempo que pase los recuerdas mejor que lo que hiciste hace tres días. Y ya que hace poco os he contado que me caso, inauguraré esta sección recordando mi primera cita con mi futuro marido, mi Rubio.
Hace muchos años, cuando iba al colegio, conocí a un niño que me caía bastante mal, el típico chulito de clase, la verdad es que el sentimiento era mutuo, el era el rey de la clase y yo la republicana que llegó para convivir en su reino los dos últimos cursos antes de pasar al instituto, así que la “tortura” no duró mucho. Durante esos dos años las peleas fueron continuas, pero he de confesar que era un amor odio un tanto particular, aunque supuestamente yo le caía tan mal como él a mí, cabe destacar que en una ocasíón me encerró en el lavabo y me robó un beso, se salvó del guantazo ya que una décima de segundo antes de propinar mi derechazo entró una compañera, que si no… ay!!! si no… aún le dolería la mejilla, pero claro ese guantazo hubiera generado que nuestro “secreto” fuese público y no estaba yo por la labor.
Pasé al instituto y por suerte no iba al mismo que él. Los años pasaron, la vida me enseñó su cara dulce y su lado amargo durante ese tiempo y pasados algo más de diez años, algunos de los antiguos compañeros de aquel colegio decidieron reunirse para ver que tal nos había tratado el tiempo.
Entonces recibí una solicitud de amistad de un chaval en la red social por excelencia, la verdad es que por el nombre no me sonaba demasiado, pero al ver los amigos en común deduje que era de aquellos compañeros que estaban organizando la reunión mencionada, total que acepté.
La primera vez que nos reunimos, él no pudo ir. Empezamos a chatear, era divertido, él es un serio divertido, que me hace reír a carcajadas, así que decidimos quedar un día para ir a tomar algo, pero por unas cosas y otras siempre alguno de los dos no podía. Hicimos una segunda quedada de clase para la fiesta mayor y en esta ocasión él si podía asistir y yo también.
Como yo ya no vivía en la misma ciudad, dijimos que viniese a buscarme después de yo comer en casa de mi tía abuela que sí que vivía allí, él me mandó un mensaje y yo me asomé a la ventana para decirle que ya bajaba, pero ya sabéis como son las abuelas, tardan una eternidad en dejarte ir de sus casas, así que llegó un segundo mensaje, me volví a asomar a la ventana y él espetó un “Baja ya!!” y yo con el carácter que me caracteriza, nunca mejor dicho, le pedí a mi abuela que me pusisese un café, con exigencias no, gracias. Al bajar tampoco hubo reacción negativa por su parte ante mi tardanza, supongo que captó mi sutil respuesta, materializada en diez minutos extra de espera.
Primero fuimos a tomar una horchata fresquita en una terraza, de la cual pasamos a una cervecita y ya nos dispusimos a reunirnos con el resto pues llegaba la hora acordada y estábamos algo lejos.
Llegados al punto de encuentro, empezaron a llamar los otros compañeros que tenían que venir y poco a poco la reunión acabonreduciéndose a cita.
Era 4 de julio de 2009, fuimos a cenar unos bocatas en el primer bar que encontramos y luego a “La jove” (La joven) la fiesta nocturna de la fiesta mayor, en un parque, con música y tal, estaba bastante bien, nos sentamos en el césped, y estuvimos charlando durante horas, de pronto en una de esas sonrisas que se le escapaban, reconocí al chulito con el que tanto me peleaba y le solté “Cabrón!! fuiste tú el que me tiró la piedra!!” (sí, me tiró una piedra… es que esas edades ya se sabe… son digamos complicadas) su cara de póquer me evidenció que él no lo recordaba, pero el chichonazo que me salió a mi entre el meñique y la muñeca yo jamás lo pude olvidar, así que años después ajustamos cuentas y le perdoné entre risas al ver su intento de disculpa sobre algo que no recordaba pero sabiendo como era él por la época no le resultaba descabellado (he de decir que al tiempo un día hablando con uno de sus primos SÍ recordaba ese momento, así que se puede decir que el tiempo sí me dió la razón). Y de ahí pasamos a más risas intentando recordar algo más y que fuese positivo, en aquel momento tampoco recordaba mucho más de él, cosas de haber ido a tres colegios y dos institutos (el episodio del beso, fue recordado tiempo después, junto a otros “grandes momentos”).
La conversación se alargó y alargó, la verdad que él lo que se dice hablar no hablaba mucho, pero yo tengo incontinencia verbal, así que nos complementábamos bastante bien y entonces llegó la frase rompedora por mi parte… le dije “mira, me estás cayendo bien, así que te voy a dar un consejo, no te enamores de mí, porque yo ahora no estoy para esas cosas, tú lo pasarías mal, yo me sentiría culpable y no es plan” seguido de una gran carcajada por parte de los dos, no lo sabíamos, pero aquella noche lo cambió todo.
En cuestión de un mes estábamos todo el día juntos, o él en mi casa o yo en la suya, y en cuestión de tres meses ya vivíamos bajo el mismo techo. Aquellos niños que se odiaban acabaron amándose y hoy son padres de la niña más preciosa que mis ojos han visto nunca.
Así que cuando me pregunto el sentido de mi vida, sé que era estar con él, crecer y madurar para volvernos a encontrar en el momento exacto en el que lo hicimos, ambos habíamos tenido alguna experiencia negativa importante en lo que al amor se refiere, nos encontramos en el momento en el que esas heridas estaban cicatricadas, el momento exacto en el que estábamos preparados el uno para el otro. Para mí al igual que para él era ese momento en el que ni te planteas encontrar de nuevo a alguien para compartir la vida, el momento en el que quieres “disfrutar de la soltería” y él apareció como un huracán que lo revolucionó todo.
Ahora miramos para atrás y recordamos aquella primera cita y aquella frase “no te enamores de mí” y llegamos a la conclusión que no hemos cambiado tanto, sigue siendo un desobediente, pero es mi desobediente, el padre de mi hija, el amor de mi vida, mi compañero, mi amigo, mi sueño, mi ilusión, mi todo, la persona con la que he compartido el momento más importante de mi vida y con la que espero compartir todos los momentos futuros. Mi Rubio es el hombre al que más quiero y he querido en mi vida, el que me ha descubierto el amor incondicional, el que hace que me pregunte ¿qué era yo antes de ser nosotros?
En fin… hasta aquí ha llegado el momento recuerdos de hoy, me despido con esta canción de Amaral que parece que la haya escrito para nosotros, hasta el domingo que viene!!

12 comentarios en “Domingo de Recuerdos: Nuestra primera cita

Con la ilusión que me hace no puedes irte sin dejarme un comentario :)

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