Archivo de la etiqueta: El Cerrillo

Estar de Rodríguez… Nunca más

Llevo desde el lunes a las 9 de la mañana sin ver a mi Bombón, a mi Minibombón y a  mi Rubio ? Estar de Rodríguez es algo que a priori, por ser sólo dos días iba a ser algo maravilloso. Ellos han iniciado las vacaciones y yo he tenido que trabajar hasta hoy miércoles, hoy por fin a las siete de la tarde nos reencontraremos. La cuestión es que mi pequeña es una enamorada de la vida del campo y le encanta ir al Cerrillo, que es el nombre que tiene nuestra casita del campo. Cuando empezaron las vacaciones no hacía más que decir que cuándo íbamos y yo me Sigue leyendo

Fotofinde: Adiós vida de campo… hola rutina

Este finde ha sido especial. Hemos puesto al fin el punto final a las vacaciones. Punto y final a nuestra vida de campo en el Cerrillo, ese lugar tan especial, sobretodo para mi Rubio. De alguna manera no creo que ya nos hacía falta tener un poco de rutina y no volver a la “vida real”. Nos despedimos del campo, del aire puro, de las caminatas en las que encuentras por el camino, manzanos, higueras, moreras y disfrutas de sus frutos que saben simplemente a lo que han de saber, a manzana, a higos, a moras, sabor auténtico del que se puede decir que realmente no tiene ni colorantes ni conservantes y los paseitos en ruta con el Land Rover, que como ya os he dicho alguna vez, para mi familia eso “no es un coche… es una máquina de trabajo” el silencio de las noches, atenuado sólo por los grillos y algún otro bichejo, esos atardeceres de colores increíbles y de belleza indescriptible, de que cada día sea una aventura Sigue leyendo

Fotofinde: Disfrutando al aire libre

Este finde hemos ido a desconectar al campo, a nuestro querido Cerrillo, que ya empieza el buen tiempo y da gusto estar al aire libre. Allí los peques se han entretenido un montón ayudando a mi Rubio y mi cuñado a hacer el circuito para sus coches teledirigidos. La verdad es que ellos disfrutan un montón allí, al aire libre, tanto los hijos como los padres y no sabría decir yo si más los peques o los no tan peques. Los peques no pueden estar ni juntos ni separados, todo el día peleando, pero luego
no se separan ni un momento. Son primos pero como si fuesen hermanos, se llevan sólo 5 meses así que “se entienden” a la perfección  (cuando no se están peleando).
Y vuestro finde ¿qué tal is ha ido?

document.write(”);

Fotofinde: Los amigos de lo ajeno

Este finde ha sido agridulce. Fuimos a nuestro refugio campestre, más conocido como El Cerrillo y unos desalmados habían entrado a robar. Robar está feo, pero rematar para joder, simplemente por hacer daño eso es de (introducir insulto al gusto) Total que mucho destrozo para cuatro cosas que se llevaron, me pregunto qué esperaban encontrarse en una casa en mitad del monte. Rompieron las dos puertas, no tuvieron cojones a pudieron abrirlas con las megacerraduras que puso mi suegro. Se llevaron una tele, viejísima y que al rato de estar encendida sale una mancha en mitad de la pantalla, el tdt y dejaron el dvd. Se llevaron las baterías de la placa solar, la sierra eléctrica, dejaron la bomba,
el transformador y la sierra circular, o sea las cosas más caras. Entre otros grandes tesoros, se llevaron 2 latas de redbull que teníamos a modo de florero y un mechero de la cocina, el que funcionaba, el roto por supuesto que no. En fin que hay que rehacer toda la instalación eléctrica, arreglar puertas y ventanas, comprar baterías y herramientas, pero bueno, como hay que sacar algo bueno siempre, para desquitarnos hicimos una pedazo de barbacoa y calçotada “que pa’que” y los peques lo pasaron genial, les encanta.
Mi Bombón, como experta montañera, se dedico a recoger palitos y piñas para el fuego y para nuestra Google. Así  que para no quedarme con mal sabor de boca he decidido poner una foto del momento paseo con mi hija, mi nieta y nuestra Google en busca de materia prima para el fuego, que mi Bombón iba recolectando en el cestito del carro de su bebé.

document.write(”);

Fotofinde: Resaca de bodorrio

Bueno bueno bueno… Ya estoy nuevamente en mi mundo 2.0! ¿¿Y qué mejor que volver con fotofinde?? Este finde ha sido genial, lo hemos pasado de relax en nuestro querido Cerrillo con los tíos postizos de Bombón, véase el mejor amigo de Mi Rubio y su familia, que aunque no compartimos genética, es la nuestra. Ellos viven en Málaga, vinieron para la boda y se quedaron unos días más para que pudieramos disfrutar de su compañía. Bombón encantada, ya que ellos también tienen una niña un poco más grande que ella y estaban todo el día jugando de aquí para allí. Han sido unos días geniales de barbacoas, paseos por el campo, partidas de scrabble hasta las tantas de la mañana, debatiendo entre risas la existencia de ciertas palabras sin la ayuda de un diccionario y en compañia de un buen lambrusco. Yo me quedo con dos momentos, Mi Rubio diciendo ” Estoy en el Cerrillo, con mi mujer mu hija y mis amigos, con mi moto nueva y he venido en el Juan Robles ¿Qué más puedo pedir?” (Nota informativa: Juan Robles es el apodo de su Santana Land Rover, heredado de su padre y protagonista de la frase tan oída por mí “esto no es un coche, es una máquina de trabajo” un coche que se merece su propia entrada… otra más para mi lista de pendientes jejeje) y con la imagen que me quedo es con Bombón con su carita de flipada subida en la nueva moto grande de papá, que ya la había estrenado y como no podía con su alma, fue su “tío” quien se la llevó a dar una vuelta, ella encantada, saludando cual diva motorizada a los sinples mortales que íbamos andando. Todavía me sorprende que le puedan gustar tanto las  motos, entonces miro a nuestro alrededor, el mundo en el que “nos movemos” los amigos que tenemos, la familia y me doy cuenta que lo raro sería que no le gustasen. Ha sido una semana postboda llena de momentos increíbles, momentos que ya os contaré porque si os explico ahora todo lo que me viene a la cabeza acabo la entrada para el Fotofinde de dentro de dos o tres semanas jejeje y antes de contar el postboda os tendré que contar el preboda y la boda en sí ¿no?

Sólo deciros que “El gran día” fue el segundo mejor día de mi vida, y sí… os lo contaré todo en breve. Feliz día!

PD: No puedo dejar de comentaros que cogimos dos buenas cestas de setas, las hicimos en el fuego a tierra para acompañar la carne de la megabarbacoa aaaarrrrgggg mmmmmm oooohhhhh #modoHomerOn lo recuerdo y vuelvo a salivar…

document.write(”);

Escapada al Cerrillo

Bueno, estamos en la recta final de los preparativos de la boda y eso me consume la mayoría de mi escaso tiempo libre. Tengo tantas cosas que contaros!!
Para desconectar hemos ido al “Cerrillo”, ese lugar donde siempre encontramos calma, recargamos las pilas y volvemos a “la gran ciudad” con energías renovadas.
Allí lo pasamos todos genial, desde mi Bombón hasta nuestra pequeña Google.
Nosotros nos fuimos el viernes, tal como acabé de trabajar para allí que nos fuimos y el sábado por la tarde llegaron los abuelos, los tíos y los primos.
Como anécdota deportiva (por llamarlo de alguna manera) mi Rubio se llevó una de sus motos para disfrutar “a tope” de la montaña. Total que el sábado después de comer, me dice que va a darse una vueltecilla rápida, pero que vuelve pronto ya que él lava los platos porque yo hice la comida, va pasando el rato y más rato y más rato y yo empiezo a pensar “a ver si se ha caído… y cómo le encuentro yo ahora… a ver si se ha hecho daño” conforme sigue pasando el rato y yo ya en la puerta de la casa a grito pelao’ a pleno pulmón le llamaba que se me oía en toda la montaña “a ver si se ha caído con lo que está tardado… más le vale haberse caído, que no se haya hecho daño pero que o se haya caído o se haya roto la moto porque si no…. ayyyy si no” pensaba, y es que no hay cosa que más rabia me dé que me digan a tal hora estoy ahí o tardo tanto y no sea así y más tardando tanto y más aún si te has comprometido a hacer algo. Estaba preocupada, pero una parte de mí empezaba a enfadarse pensando en que sí que es capaz de írsele el santo al cielo y regodearse por el campo con su adorada moto,  porque el tiempo encima de la moto, admitámolos, para él es más lento. Volví a berrear su nombre desde la puerta y recibí como respuesta el sonido del motor, eso me tranquilizó, ya intuía que estaba bien porque antes no tenía respuesta y ahora sí. En fin, que al fin llegó y efectivamente se había roto la moto, había saltado yo que sé que pieza que el pobre había tenido que ir unos tres kilómetros llevando la moto “a cuestas”, conociéndome, dejó la moto en una masia abandonada para poder llegar antes a casa porque sabía que estaría preocuapada. Sí sí… dejó la moto, para volver más rápido… eso es amor… su moto abandonada para venir al rescate de mis pensamientos tenebrosos. Cuando llegó ¿Cómo decirlo? Agotado es poco, tal fue así que ni reprimenda le cayó y no sólo eso sino que me ofrecí voluntaria a ir a recoger la moto porque tenía el pobre una cara de hecho polvo que no podía con ella.
Y allí que fuí yo, valiente donde las haya a sacar la moto de la masia, que ilusa, sacarla de allí me costó la vida, la moto pesa un montón, me sentía como una hormiga llevando diez veces su propio peso, lo que os digo, me costó la vida, pero es que llevarla a casa con las cuestas, con los baches, con las piedras, diez vidas gasté en ello, como pesaba la condenada, que agotamiento y que pelea me llevé con la puñetera moto para no caerme de morros y que se me cayese encima además la puñetera estribera me daba todo el rato en la espinilla y llegué con un morado que pa’que.
Llegué a casa y a los diez minutos llegaron mis cuñados,  que ya podían haber llegado algo más de media hora antes que fue el rato que estuve peleándome con la puñetera operación rescare de la moto. Después de recomponerme en el sofá y ver los estragos estriberos en mi espinilla, (bendito roll on para golpes de los enanos, que funciona de maravilla y ahora puedo decirlo por experiencia propia) llegaron mis suegros y ya estábamos todos.
El abuelo trajo como sorpresa un carro que ha hecho para sus nietos, pero del que para ser sinceros disfrutamos todos. Y así entre paseos, juegos y ratos divertidos consumimos nuestro fin de semana.

Todos subimos al carro, desde el más grande al más pequeño incluida Google.

Y mi Bombón y su primo no pudoeron resistirse a subir a la moto. Como podéis ver a mi Bombón le gusta ser la que conduce.

Su primo se tenía que coger muy fuerte porque iban muuuyyyy rápido

Para acabar en el carro del “yayo” conduciendo también mi Bombón.
La verdad es que esos días en familia son lo mejor que hay, no hay dinero que pueda pagar esos momentos que en el futuro serán los recuerdos de la infancia de mi Bombón y me alegro que sean tan especiales.
Feliz día.